Te voy a contar una historia.
Erase una vez un mango que quería convertirse en papaya. Le gustaban las papayas! Y para lograrlo emprendió un viaje a Chimaluca, lugar de las papayas empedernidas. Ahí se topó con una cebolla roja. La cual saltaba de alegría por todos lados, lloraba de felicidad con su propio sudor de tanto brincar, pues se dio cuenta de que ella podría llegar a ser un kiwi, ella quería ser un kiwi! Pero… quería casarse con un mango y no sabía cómo hacerle, entonces al mango se le ocurrió que podían ir (la cebolla y él) con el Gran Mago Camaleón, el cual podía convertirlos en lo que ellos querían. La cebolla tenía mucho miedo, así que corrió desesperadamente dentro de la licuadora encendida y murió. El mango quedó petrificado, con los ojos bien abiertos, congelado.
Después de eso el mango caminó durante días y días en busca del Gran Camaleón y se encontró entre las lechugas y perejiles una fresita llorando, así que le preguntó:
-¿Dónde está la casa del Gran Camaleón?- a lo cual la fresita respondió tragándose el moco que escurría de su nariz- ¿A caso no vas a preguntarme por qué estoy llorando?- el mango enojado le dijo:
-¿Crees que a mí me importa la vida de una insignificante fresita llorona?- y ella molesta le dijo:
-OSEA!! En buena onda, bájale dos rayitas ehh!!- El mango (dándole un zape a la fresita llorona) dijo:
-MUÉVETE! Me estorbas, debo de convertirme en papaya!! Y se alejó…
De repente se detiene a pensar: “¿Por qué habrá estado llorando esa fresita? ¿Será que vio al Gran Camaleón y éste no le cumplió su deseo? ¿Le habrá pasado algo al Gran Camaleón?”
Regresó corriendo a donde la fresita pero, ella ya se encontraba muerta, el mango reía de locura así que se fue corriendo e inmediatamente al bosque de brócolis y caminó y caminó. Por la noche aún tenía la imagen de la fresita hundida en la crema azucarada… gota a gota, comenzó la lluvia de chocolate derretido, esto le hizo reflexionar al mango sobre lo que realmente quería ser y grito: ”¡¡¡¡Quiero ser una manzana!!!! y cubrirme de chocolate cada lluvia!, se quitó la cáscara de mango para sentir esa lluvia sobre su pulpa y salió corriendo entre el cilantro. De pronto, salió un enorme apio y empezó a lamer al mango cubierto por la chocolatoza lluvia, ésto hizo que poco a poco el mango se transformara en un jitomate rojo.
-¡Oh, Por Dios! ¡¿Pero qué carajos me ha pasado?! NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOoooooooooooooooooooo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Y al grito, el apio murió.
El jitomate que era mango llegó a la conclusión de que la lluvia que caía era venenosa por el amargo chocolate, así que rápido se puso su antigua cáscara de mango… y ahí iba el jitomate vestido de mango queriendo ser una manzana. No muy lejos vio un enorme letrero que decía:
“Lugar del eterno verano”
A lo cual el jitomate se preguntó: – ¿Eso qué tiene que ver con la historia?- En fin, caminó y caminó hasta ver un gran mar de jugo de limón, decidió bañarse ahí y luego al sentarse en la arena de sal vio dormido junto a el de un blanco apenas visible, confundido con la sal al Gran Camaleón! Justo donde él acababa de llegar! Estaba ahí! En la arena, de blanco, junto al mar de jugo de limón a tan solo poca distancia de él! ( es que no lo podía creer) se talló los jitomatozos ojos y….Buuuuh sólo era un espejismo:; sin embargo, al secar su cuerpo se vio convertido en ajo.
¡Oh! ¡Pobre ex -mango! siguió su camino y se encontró con el Gran Camaleón en vivo y a todo color, el ex – manguito lloró y lloró, le platicó toda su travesía a lo cual el Gran Camalón le dijo:
OH! Pequeño y ajozo ajito, tu tienes espíritu de mango!
Lo convirtió así en Mango y en el esfuerzo le dio un paro cardiaco y se murió. De la nada salió un palo que se clavó al mango por atrás ( y como ya tenía limón y sal) le pusieron chilito en polvo ( si, un chilito que fué amasacrado por una trituradora de chilitos) y fue mordido por Cristina, Adriana se lo tiró de un manotazo, y rió, el mango murió falto de un trozo de su cuerpo y estampado contra el piso por aquella fuerza asesina.
Después de un tiempo el mango reencarnó en papaya.
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He aquí un conmovedor escrito realizado por Adriana Herrera y por una servidora en horas de clase, como futuras profesoras de español hay que practicar, y qué mejor que con el ocio! jejeje.
Ésta historia contiene suspenso, amor ( la cebolla y el mango un amor imposible, recuerdan?), terror, horror, escenas “solo para mayores de edad”, aventura, tristeza, dolor… nos invita a una gran reflexión sobre nuestras metas, nuestras vidas, el destino, los deseos, las creencias, los cambios en las personas, tomen la moraleja que quieran! pero espero que les haya hecho ameno el rato, les haya gustado y/o les haya provocado ( aunque sea) una pequeña sonrisa en el rostro
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=Porque todos llevamos un mango dentro=
COME FRUTAS Y VERDURAS
P.D. La pregunta es: ¿una vez siendo papaya, estaba conforme? ¿no deseaba ahora ser un mango? u otra cosa?
¿Qué es chiquito, verde y traspasa las paredes?
R= El alma de un aguacate!! XD
( nunca subestimen a los comestibles!)
Att: Cristina I. P.C.
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